Espera

Hace un año de mi última competición en Pedrezuela.

Que lejos queda todo. Recuerdo el intenso dolor al "correr", como me acompañó aquel día en la Cuenca del Jarama.

Miro hacia atrás, y recuerdo con nostalgia otras muchas pruebas, ninguna exenta de sufrimiento, como decía el emérito, con orgullo y gran satisfacción. Todas ellas con una gran crónica detrás.

Hoy por hoy, correr se plantea como una verdadera utopía.

Todos los esfuerzos de mi amigo, el Dr.Gómez Rice, traumatólogo especialista en cirugía de columna, para que pudiese acortar tiempos, y retomar entrenamientos lo antes posible, han sido dinamitados por este virus.

A día de hoy, sigo sin tratamiento biológico, (ha pasado más de un año) a la espera de la llamada del Hospital General de Móstoles. Tengo puestas mis vacunas, hay visto bueno de medicina preventiva y puedo retomarlo, pero a consecuencia de la Covid, todo continúa paralizado.

El bajón físico que he sufrido, es cada vez más notable.

Ando despacio sin poder despegarme de mi bastón. No soy capaz de caminar sin tener que parar cada pocos pasos a descansar.

La mayoría de las noches no consigo dormir y es realmente desesperante.

Siento que mi cuerpo, más allá del dolor, ya no corresponde a mi edad.

Independientemente del mencionado dolor, la fuerza motora que se necesita para arrancar una carrera a pie, no existe. No soy capaz de tomar ese impulso. Es difícil de explicar, y más conservando parte de mi complexión. Choca mucho en mi entorno y aún más fuera de él.

Ahora sólo quiero retomar mi tratamiento biológico, para frenar la degeneración tan rápida y agresiva que estoy sufriendo durante este último año.

Lo perdido no regresará, pero es importante no continuar haciéndolo.

Respecto a mi futuro deportivo, nuevamente replanteado, estoy esperando respuesta de FETRI, ITU y del Comité Paralímpico.

Solicité competir con bici adaptada con un manillar más elevado de lo habitual, tipo bmx, y el uso de bastones de marcha nórdica para carrera a pie.

Estos últimos, son de gran utilidad para caminar. Se reduce gran parte del impacto.

Tras unos meses esperando, sigo sin obtener respuesta alguna.

Hace unas semanas, volví a escribir para plantear dos posibles nuevos escenarios.

Uno, es volver a clasificarme y poder competir con Handbike, y una segunda silla para carrera a pie, lo que conlleva aprender una nueva forma de hacerlo. Pero para ello, dependo de dicha clasificación de la que desconozco el desenlace.

Y el segundo como alternativa, es abandonar el triatlón, (cosa que espero que no llegue a suceder) y federarme en natación.

En el agua soy otra persona. Movimiento, velocidad...todo es distinto.

Por supuesto, estoy abierto a cualquier sugerencia que pueda hacer posible mi regreso.

Pero para cualquier decisión, necesito ayuda. Una ayuda que no llega, y no me permite fijar objetivos.

El Coronavirus también retrasa las gestiones y trámites de las federaciones...calendarios, adaptación de pruebas, y preparación para unas más que esperadas Olimpiadas.

Como es lógico, no me encuentro bien situado en el órden de prioridades.

Seguiré esperando la ansiada respuesta, mientras entreno en casa.

He empezado a hacerlo de forma estática, con un arnés. 4 o 5 series de 200 brazadas, con descanso de 1 minuto.

Los resultados no han tardado en llegar...aunque tengo que trabajar mucho para recuperar técnica, ya me voy sintiendo más fuerte y rápido en este medio.

Veremos hasta que fecha consigo prolongarlo. Aún con neopreno, llega un momento en que hay que parar debido a las bajas temperaturas.

De un modo u otro, me adaptaré y seguiré haciendo deporte.

Esto no me convierte en un guerrero, o un gran luchador como a veces me denominan.

Cierto es que todos libramos batallas internas cada día, pero no deja de ser una mera forma de hablar. Yo mismo en distintas ocasiones, me he dejado llevar repitiéndome a mí mismo palabras de ánimo como lucha, o no te rindas...

Pero no elegimos ir a la guerra...no somos guerreros. No luchamos contra nuestra enfermedad, o al menos, no debemos intentarlo, ya que no podemos ganar a esa cronicidad.

En cambio si podemos adaptarnos y aprender a convivir con ella. Y no únicamente con actitud, ya que por muy positiva que sea, no siempre es suficiente, si no con resiliencia, adaptación y perseverancia.

Eso no es rendirse. Si finalmente no puedo hacer triatlón, no me estaré rindiendo ni mucho menos.

Si la vida fuese una partida de póker, y el destino reparte las cartas, aunque no sean buenas, debemos jugar con ellas.

A la pregunta "¿cómo estás?", suelo responder, "todo lo mejor que puedo estar".

Y es así. Nunca estaré bien como no alcanzo a recordar, pero hay algunos días con sol. Esos se disfrutan de otra forma.

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